Tema Sello

Como cada año,  el Tema Sello quiere acercarnos a alguno de nuestros valores inspirados en Santo Tomás de Aquino a través de actividades y perspectivas atractivas, entre las que destaca la presentación de un personaje que encarne o haya encarnado en su vida ese valor.

El Principito, buscador de la verdad “Lo esencial es invisible a los ojos”

Según es tradición en nuestra casa de estudios, el Tema Sello 2019 está inspirado en uno de nuestros valores institucionales, este año en concreto, en el amor a la verdad; base de nuestro sello.

El amor es el motor que mueve nuestra vida y nuestras decisiones. De ahí que sea clave su correcta orientación. El antiguo adagio que dice: “Soy amigo de Platón pero lo soy más de la verdad”, afirma que la verdad tiene un valor tan grande que ni siquiera puede subordinarse –ni venderse– a la amistad. La amistad debe mantenerse en la verdad y por eso una amistad sin verdad dejaría de serlo, al faltarle su auténtico fundamento. Así es, pues cualquier proyecto humano que no se base en un conocimiento real o verdadero, sino falso de la realidad, termina cayendo por su propio peso. La verdad es así la base sólida para nuestra vida y nuestras búsquedas. Por otro lado responde a lo que somos como seres inteligentes, pues, como dijo Aristóteles, “toda persona desea por naturaleza saber”.

El amor a la verdad es condición para cualquier otro amor: no se puede amar lo que no se conoce, y el que ama quiere profundizar siempre más en la verdad de su amado. Amar la verdad hace posible amar de verdad. Este amor que nos abre humildemente a la verdad, se manifiesta en una serie de acciones como el estudio y la investigación que nos permiten superar la ignorancia, los prejuicios, y ser coherente con la verdad conocida en nuestras palabras y acciones –lo que se conoce por veracidad- en tanto que nos permite identificar la falsedad y corregirla.

El Principito, este amable personaje creado por A. Saint-Exupéry, encarna esa búsqueda de la verdad de la vida, a través de la amistad, que le lleva a abandonar su cómodo hábitat para recorrer nuevos lugares y tratar con diversos personajes. Esto le permite identificar diversas actitudes y explicaciones sobre la vida y la felicidad. No todas responden a la verdadera felicidad, mientras que otras sólo en parte. Descubre al final de su búsqueda que lo que sí se ajusta a su anhelo de felicidad es aprender a amar verdaderamente a alguien de tal forma que sea por encima de todo lo demás, como si fuera único en el mundo, y buscando su bien por encima de todo. Sólo cuando descubre el valor único e irrepetible de la persona amada, descansa y es feliz en su búsqueda. Tal descubrimiento de lo esencial, que es invisible a los ojos al ser asequible sólo por la inteligencia y el amor, se hace posible gracias a los vínculos personales. Por tanto, los conocedores de la verdad son los más capaces de una amistad verdadera.

El Principito nos recuerda dónde hay que buscar lo realmente importante para nuestro proyecto de vida y nuestra felicidad. Como la búsqueda conjunta de ese tipo de agua especial que es «buena para el corazón como un regalo» (cap. 25). Nos enseña que la verdad está más allá de lo que percibimos con nuestros sentidos, pero que sí captamos con nuestra inteligencia y nuestra tendencia al amor y al bien, pues “lo esencial es invisible a los ojos” (cap. 21).

 

Youtube: Club de las Ideas

Frases

1.- Buscar la verdad de las cosas implica un compromiso con la realidad, con la esencia de lo que existe en la naturaleza y su interacción con otros seres. Lo que ha ocurrido desde siempre tiene su anclaje en la realidad, y basta observar la naturaleza para entender las causas y el desarrollo de lo que sucede. La verdad está ante nuestros ojos para ser descubierta.

El principito estaba pálido de cólera.

—Hace millones de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es esto más serio e importante que las sumas de un señor gordo y colorado? Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante?

El principito enrojeció y después continuó:

—Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que las mire para ser dichoso. Puede decir satisfecho: “Mi flor está allí, en alguna parte…” ¡Pero si el cordero se la come, para él es como si de pronto todas las estrellas se apagaran! ¡Y esto no es importante! No pudo decir más y estalló bruscamente en sollozos

2.- Conocer la realidad conlleva muchos sacrificios, que son retribuidos en el encuentro con la verdad de las cosas.

—Sí, yo te quiero —le dijo la flor—, ha sido culpa mía que tú no lo sepas; pero eso no tiene importancia. Y tú has sido tan tonto como yo. Trata de ser feliz… Y suelta de una vez ese fanal; ya no lo quiero.

—Pero el viento…

—No estoy tan resfriada como para… El aire fresco de la noche me hará bien. Soy una flor.

—Y los animales…

—Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas; creo que son muy hermosas. Si no ¿quién vendrá a visitarme? Tú estarás muy lejos. En cuanto a las fieras, no las temo: yo tengo mis garras

3.- También la búsqueda de la verdad conlleva un respeto por la verdad de las cosas y de las personas, pues no se puede pedir a algo o alguien que sea lo que no es. Conocer es entender la verdad del otro para tratarle de acuerdo a lo que es en verdad.

“Si yo ordenara —decía frecuentemente—, si yo ordenara a un general que se transformara en ave marina y el general no me obedeciese, la culpa no sería del general, sino mía”.

—Si yo le diera a un general la orden de volar de flor en flor como una mariposa, o de escribir una tragedia, o de transformarse en ave marina y el general no ejecutase la orden recibida ¿de quién sería la culpa, mía o de él?

—La culpa sería de usted —le dijo el principito con firmeza.

—Exactamente. Sólo hay que pedir a cada uno, lo que cada uno puede dar —continuó el rey. La autoridad se apoya antes que nada en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, el pueblo hará la revolución. Yo tengo derecho a exigir obediencia, porque mis órdenes son razonables.

4.- El conocimiento de la verdad requiere de la búsqueda de evidencias que la sustenten evitando así la falsedad e identificando la mentira. Para actuar según la verdad, buscamos evidencias que apoyen nuestras decisiones para que sean libres y racionales, de acuerdo a lo que somos como seres humanos. La rectitud moral es vivir de acuerdo a la verdad y genera fiabilidad.

—Exactamente —dijo el geógrafo—, pero no soy explorador, ni tengo exploradores que me informen. El geógrafo no puede estar de acá para allá contando las ciudades, los ríos, las montañas, los océanos y los desiertos; es demasiado importante para deambular por ahí. Se queda en su despacho y allí recibe a los exploradores. Les interroga y toma nota de sus informes. Si los informes de alguno de ellos le parecen interesantes, manda hacer una investigación sobre la moralidad del explorador.

—¿Para qué?

—Un explorador que mintiera sería una catástrofe para los libros de geografía. Y también lo sería un explorador que bebiera demasiado.

—¿Por qué? —preguntó el principito.

—Porque los borrachos ven doble y el geógrafo pondría dos montañas donde sólo habría una. —Conozco a alguien —dijo el principito—, que sería un mal explorador.

—Es posible. Cuando se está convencido de que la moralidad del explorador es buena, se hace una investigación sobre su descubrimiento.

—¿Se va a ver?

—No, eso sería demasiado complicado. Se exige al explorador que suministre pruebas. Por ejemplo, si se trata del descubrimiento de una gran montaña, se le pide que traiga grandes piedras.

5.- El ser humano está hecho para vivir con otros, para crear vínculos que le acompañen en el camino a la felicidad, y a quienes él también pueda ayudar a ser feliz. La amistad con otros es fundamental para la plenitud del alma humana. Así, la búsqueda de la verdad se transforma también en la búsqueda del amor, y en un compromiso con la verdad de la persona amada.

—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? —volvió a preguntar el principito.

—Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa “crear vínculos… ”

—¿Crear vínculos?

—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…

—Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado…

—Es posible —concedió el zorro—, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.

—¡Oh, no es en la Tierra! —exclamó el principito.

El zorro pareció intrigado:

—¿En otro planeta?

—Sí.

—¿Hay cazadores en ese planeta?

—No.

—¡Qué interesante! ¿Y gallinas?

—No.

—Nada es perfecto —suspiró el zorro.

 

6.- La verdad del mundo, se encuentra en su esencia más profunda. Para conocer esta realidad, la persona debe comprometerse en cuerpo y alma con ella, pues el corazón reconoce una verdad que los ojos no son capaces de contemplar. El ser humano está hecho para conocer mucho más que sólo realidades científicas, aunque las necesite para elevarse aún más.

—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos

7.- Toda la realidad brilla gracias a su verdad, aunque esta se encuentre oculta a la vista. Por eso cada cosa es valiosa según lo que es y según lo que esconde. Así, un desierto es más que un desierto cuando se descubren las maravillas que se pueden encontrar.

—Lo que más embellece al desierto —dijo el principito— es el pozo que oculta en algún sitio… Me quedé sorprendido al comprender súbitamente ese misterioso resplandor de la arena. Cuando yo era niño vivía en una casa antigua en la que, según la leyenda, había un tesoro escondido. Sin duda que nadie supo jamás descubrirlo y quizás nadie lo buscó, pero parecía toda encantada por ese tesoro. Mi casa ocultaba un secreto en el fondo de su corazón…

—Sí —le dije al principito— ya se trate de la casa, de las estrellas o del desierto, lo que les embellece es invisible.

—Me gusta —dijo el principito— que estés de acuerdo con mi zorro.

8.- El descubrimiento del valor de la persona que vive de acuerdo a la verdad, como el Principito, que es fiel a lo que y a quienes ama, no sólo genera admiración por su belleza interior, sino que es una invitación a imitarlo.

(Dice el aviador):

Como el principito se dormía, lo tomé en mis brazos y me puse nuevamente en camino. Me sentía emocionado llevando aquel frágil tesoro, y me parecía que nada más frágil había sobre la Tierra. Miraba a la luz de la luna aquella frente pálida, aquellos ojos cerrados, los cabellos agitados por el viento y me decía: “lo que veo es sólo la corteza; lo más importante es invisible… ”

Como sus labios entreabiertos esbozaron una sonrisa, me dije: “Lo que más me emociona de este principito dormido es su fidelidad a una flor, es la imagen de la rosa que resplandece en él como la llama de una lámpara, incluso cuando duerme…” Y lo sentí más frágil aún. Pensaba que a las lámparas hay que protegerlas: una racha de viento puede apagarlas…