Frente la dignidad de ese ser humano, también persona

Como todo ser humano es persona, también lo es aquel al que la madre llama hijo.

A punto de finalizar el mes de agosto, especialmente centrado en el valor y virtud de la solidaridad entre nosotros, gracias a la figura señera del gran santo chileno, P. Alberto Hurtado, sigue estando en el debate la despenalización del aborto en tres causales. Su vinculación con la solidaridad quizás no sea evidente a primera vista, pero existe: pues nos pide tratar con especial atención a las demás personas especialmente cuando viven alguna situación de especial necesidad, y esto no a ratos o cuando se tenga ganas, sino de manera constante. Casos de esos los viven madres con embarazos difíciles, sea porque su vida está en riesgo, o porque el hijo que llevan en su viene con aparentes malformaciones, o, en un tercer caso, cuando es fruto no del amor, sino de un acto violento. Solidarizar con estas madres es apoyarlas, no dejarlas solas, y proporcionarles ayuda para superar las dificultades.

En el primer caso los médicos vienen actuando desde hace tiempo –por lo que no hace falta legislar- poniendo los medios necesarios para salvar la vida de la madre. En ningún caso buscan intencionadamente acabar con la vida del hijo. En el segundo caso, existen equipos especializados que acompañan a la madre para superar y sobrellevar el riesgo vital de su hijo, y así, incluso en el caso de que éste falleciera, la madre pueda cerrar el ciclo de manera natural. En el último caso, el apoyo y la cercanía es el camino realmente adecuado para sobrellevar un embarazo fruto de una violación. El daño está hecho y no se puede obviar, se tata de solidarizar con la madre apoyándola para superarlo.

Algunos piensan que solidarizar con la madre es darle la libertad de que decida si sigue o no adelante con la vida de su hijo. Sin embargo, claramente esta postura deja de lado la solidaridad con el hijo, que es hijo, y por lo tanto, persona con igual derecho a vivir y, por lo mismo, a ser apoyado en sus dificultades. Por otro lado, el hijo no es culpable de venir con dificultades ni de que haya sido engendrado de un acto de violencia. Él no es culpable, ni acabar con su vida eliminará el mal hecho.

Pero, ¿es realmente persona cuando a simple vista parece un conjunto de células? La ciencia biológica nos da claras orientaciones en este punto, para lo que citamos a Montserrat Martín, Médico de familia del Instituto Berit de la Familia: “Los datos biológicos de los que disponemos en la actualidad, nos permiten afirmar que desde el momento de la singamia, unión de los gametos masculino y femenino y se constituye el cigoto, se genera una nueva entidad biológica. Dado su modo de actuar podemos afirmar que funciona como una unidad, el centro coordinador es el genoma que además caracteriza a esta nueva entidad como miembro de la especie Homo sapiens, y es distinto al del padre y de la madre, es decir, es propio, tiene una identidad. Desde el momento de la concepción se constituye un nuevo ser humano individual que inicia su ciclo vital” (Fundamentación del comunicado institucional Santo Tomás a favor de la vida, mayo 2015). Y como todo ser humano es persona, sea de un metro, dos o unos centímetros, también lo es al que la madre llama “su hijo”.
Santo Tomás de Aquino, además, lo confirma afirmando que lo que constituye a un ser como persona es su ser sujeto de naturaleza racional. Y se es persona desde el inicio de su existencia gracias al principio de vida o alma racional, con independencia de que realice o no operaciones vitales (no dejamos de ser personas mientras dormimos o estamos incapacitados para expresarnos). Y como el embrión humano es un ser distinto de la madre que obra por sí mismo, pues “las operaciones vitales -como sentir, nutrirse y desarrollarse- no pueden proceder de un principio extrínseco. Por lo tanto, hay que afirmar que el alma preexiste en el embrión…” (Suma Teológica I, q.118, a.2, ad2; cf. Suma Contra Gentiles II, cap. 89, n. 2). Por eso, no es lícito atentar contra la vida del hijo, pues “El que hiere a la mujer embarazada hace una cosa ilícita. Y, por esta razón, si de ello resultase la muerte de la mujer o del feto animado, no se excusa del crimen de homicidio, sobre todo cuando la muerte sigue ciertamente a esa acción violenta” (Suma Teológica II-II, q.64, a.8, ad2).

En conclusión, solidarizar es realmente apoyar y respetar la dignidad de todos los involucrados.

 

Esther Gómez de Pedro
Directora Nacional de Formación e Identidad